Sobre el coleccionismo y las galerías de arte
"Lab_in propone un ciclo de Jornadas de coleccionismo y arte contemporáneo"
A raíz del proyecto expositivo “Cuarto dos desexos” en el que presentamos piezas de Vicky Uslé, Marina Núñez, Ana Soler, Jorge Perianes, Amaya González Reyes, Juan Adrio y Rosendo Cid planteamos unas jornadas en Lab_in paralelas a la exposición que supusieran una puesta en común de agentes, artistas y ciudadanos para debatir qué estaba sucediendo en este contexto a este respecto.

Las Jornadas de Coleccionismo y Arte Contemporáneo se han articulado como un termómetro del estado de la cuestión a través de charlas entre un coleccionista o un agente vinculado al sector y un artista de carácter abierto y gratuito.

Desde las jornadas quisimos dar luz a algunos de los principales problemas del coleccionismo actual en nuestro país: la falta de continuidad y compromiso vital de agentes e instituciones, la carencia de una sensibilidad social, la ausencia de una genuina consciencia política, el drástico corte en los presupuestos de compra de las instituciones gallegas (por ejemplo el CGAC paso de tener 600.000 euros en el año 2008 a 35.000 euros en 2015) con la consiguiente repercusión en todo el sector: enmarcadores, electricistas, montadores, transportistas, galerías, centros de producción, seguros…es cierto que este sector sufre de cierta ausencia de profesionialización del coleccionista quien habitualmente desconoce sus derechos a la hora de interactuar con las galerías, pero además detectamos otros problemas como la disparidad entre producción y consumo, la falta de formación estética en la población y de apoyo político, la escasa cobertura con rigor y calidad en medios generalistas de comunicación, la evolución histórica de nuestro país —no debemos olvidar los 40 años de dictadura, hecho que marcó un retroceso cultural con el resto de países europeos—, el Boom de los equipamientos culturales donde las políticas se han centrado durante décadas en la construcción de desmedidos continentes olvidando los contenidos, también la ausencia del coleccionismo en los planes de estudio de las carreras vinculadas al arte, la cultura visual y el turismo cultural y además, por qué no decirlo, la estructuración en reinos de taifas de los diferentes agentes y galerías gallegas quienes pretenden desarrollar su labor desde un espléndido aislamiento en lugar de tejerse como estructura rizomática de interacción.

Es cierto que desde las instituciones públicas queda mucho por hacer, como poner fin a la fiscalidad adversa: la bajada del IVA cultural y la implantación de una Ley del Mecenazgo serían unos estupendos puntos de partida ya que en España en el año 2014 el mercado del arte movió 336 millones de euros; Las cifras demuestran que hay mercado, quizá un mercado que funciona en gran medida a través de las ferias olvidando el trabajo de las galerías locales, quienes realizan el trabajo de apoyo y visibilización de los artistas de base.

Son las galerías las que realizan un trabajo inmaterial crucial para la dinamización del sector y es necesario poner en valor a estos actores invisibles desde el deseo y el compromiso de contribuir a la creación y al conocimiento, entendiendo que son claves para la construcción de un nuevo escenario cultural, social, político y económico.

Desde aquí queremos reivindicar la figura de la galería de arte; es de sobra conocido el cierre de las galerías gallegas más importantes: hablamos de SCQ y FACTORÍA en Santiago de Compostela o AD HOC y BACELOS en la ciudad de Vigo. Frente a la espectacularización de las grandes ferias de arte, la galería es vital en la creación de estructuras y sinergias, en la visibilización de los artistas locales y en la mediación entre unos y otros. La actividad galerística está íntimamente ligada a la actividad económica y es un valor que no debe ser denostado si queremos que nuestros artistas tengan una sólida representación en el mercado.

El coleccionismo es el símbolo de la fortaleza de un país y la compra es el mayor compromiso que uno puede tener con la cultura. MARÍA MARCO.
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